El viaje consistió en un circuito de 11 días bastante exigente por el Gran Sur de Argelia, el país más grande de África y el que contiene la mayor parte del desierto del Sáhara. De hecho, parte del viaje incluía contemplar un atardecer y un amanecer increíbles desde el punto más alto del Sáhara, el Assekrem (2.780 m).
El plato fuerte del viaje vendría después, con un itinerario de varios días a pie por el Parque Nacional de Tassili N’Ajjer, considerado el museo a cielo abierto de pinturas prehistóricas más importante y grande del mundo. Destaca su cantidad (más de 15 mil) y su variedad y antigüedad (algunas datan del 10.000 AC).
El coste del viaje fue de unos 2.200 euros por persona incluyendo todo: vuelos desde Barcelona, vuelos internos en Argelia, tasas, visados, seguros, guías, chóferes, comida, bebida… No hubo mucha ocasión para comprar souvenirs, así que el coste se limitó bastante a eso. En nuestro caso tuvimos que añadir dos viajes en tren de alta velocidad desde Madrid, ya que por temas de visados nos recomendaron que el grupo completo llegase al país al mismo tiempo.
Voy a contar brevemente cómo fue la experiencia y acompaño cada tramo con su vídeo resumen correspondiente. Esta vez he dado prioridad a preparar estos vídeos resumen, ya me diréis qué os parecen.
Argel
Salimos de Barcelona bastante tarde. Como en ocasiones los trámites de los visados tardaron varias horas, decicimos que pasaríamos la noche en Argel y así tendríamos la oportunidad de dar un paseo por la capital antes de volar al sur del país. Los trámites nos costaron 1-2 horas, mejor de lo previsto, así que incluso tuvimos ocasión de tomar unas cervezas cerca del hotel antes de irnos a dormir, para empezar a conocer al resto del grupo.
Dormimos en el Hotel Audin. Nada del otro mundo pero para las pocas horas que dormimos, ni tan mal. Es limpio, está bastante céntrico pero por ejemplo el desayuno era bastante pobre.
Al día siguiente nos acercaron hasta lo más alto de la ciudad y desde allí hicimos un recorrido bastante amplio por el centro histórico: la enorme Basílica de Nuestra Señora de África (a la que no pudimos entrar), la antigua Alcazaba/Cashba (Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1992), la Ciudadela de Argel con el Palacio del Dey que poco a poco van restaurando, varios mercados y bazares, la Plaza de los Mártires, el Paseo Martítimo, …
Terminamos el día volviendo al aeropuerto para coger un vuelo interno hasta Tamanrasset, que está bastante más lejos de Argel que la propia Barcelona.
Tamanrasset
El vuelo aterrizó ya de madrugada en el aeropuerto de Tamanrasset. Tras un rato cargando los todo terrenos y aclarando nuestros planes con los gendarmes, por fin pudimos ir a descansar un poco a un hotel. Durante el camino hasta el hotel, todo lo que vimos fue calles y carreteras vacías, y muchísimos cuarteles por todas partes. Esta zona, cercana a las fronteras con Níger y Malí, es una zona de conflicto, así que el ejército argelino tiene una presencia muy fuerte.
Se trataba del Hotel Tahat, que era casi una mini-fortaleza con muros muy altos rodeando todo el recinto. No dormimos mucho porque al día siguiente nos esperaba una jornada bastante intensa. Después del desayuno pudimos ver un poco más el hotel y la verdad es que tenía muy buena pinta. Incluso tenían una pista de pádel, aunque no estaba en condiciones de ser utilizada.
Guelta de Afilal
El recorrido hacia el Refugio del Assekrem nos llevaría a cruzar buena parte del Parque Nacional de Ahaggar. Hicimos algunas paradas en sitios pintorescos, y los caminos no permitían en cualquier caso ir muy rápido, así que a mediodía paramos a comer en la Guelta de Afilal, un oasis con una pequeña laguna que es el hogar de varias especies de aves migratorias. Las gueltas son un fenómeno típico del Sáhara, y se forman cuando el agua de lluvia se acumula en zonas bajas entre las rocas. En este caso, la guelta de Afilal es especialmente importante porque es una de las pocas fuentes de agua en la región, lo que la convierte en un refugio vital para la fauna local.
Assekrem
Tras comer y disfrutar de nuestra primera ceremonia de té touareg, continuamos el camino hacia el Assekrem, el punto más alto del Sáhara. El refugio del Assekrem está muy cerca de una pequeña ermita construida por el padre Charles de Foucauld, un explorador y misionero francés que vivió en el Sahara a finales del siglo XIX y principios del XX. La ermita de Foucauld se encuentra a 2.780 metros de altura y ofrece unas vistas impresionantes del desierto circundante. Es un lugar de gran importancia histórica y espiritual, ya que Charles de Foucauld dedicó su vida a vivir entre los pueblos nómadas del Sahara y a estudiar sus costumbres y lenguas. De hecho, fue él quien realizó el primer y único diccionario del tamachek-touareg al francés, lo que ha sido fundamental para la comprensión de esta cultura.
Dejamos nuestros sacos de dormir en el refugio y subimos a la cima del Assekrem para contemplar el atardecer. Nada más subir salió a recibirnos el Padre Ventura, un monje franciscano de origen español que se encarga de cuidar la ermita y el refugio. Nos contó un poco sobre la historia del lugar y sobre la labor que hacen él y sus compañeros para mantener el refugio en condiciones, a pesar de las duras condiciones climáticas y la lejanía del lugar.
El atardecer fue espectacular, con un cielo lleno de colores cálidos que contrastaban con el paisaje árido del desierto. Me gustó tanto que a la mañana siguiente madrugué infinito para volver a subir a la cima y contemplar el amanecer.
Amanecer en el corazón del Sáhara a 2.750 metros de altura y con un horizonte de picos basálticos en pleno trópico de Cáncer, fue una experiencia mágica, con el cielo pintándose de tonos rosados y naranjas mientras el sol se elevaba lentamente sobre el horizonte. El silencio del desierto, interrumpido solo por el canto de algunas aves y el viento, hizo que el momento fuera aún más especial. En el vídeo resumen podéis ver un timelapse que no hace justicia. También podréis ver al Padre Ventura bajando a tomarse un café al refugio con los primeros rayos de sol.
Después del desayuno era el momento de despedirse del Assekrem y del Padre Ventura, y continuar el viaje hacia el sur, con destino a la región de Djanet, donde se encuentra el Parque Nacional de Tassili N’Ajjer. Podríamos haber cruzado por la zona más montañosa, pero los gendarmes que nos escoltaban no lo permitieron porque cruzaba varias zonas sin cobertura de móvil, así que tuvimos que dar un rodeo por la zona más llana, lo que alargó bastante el viaje. En cualquier caso el camino fue espectacular, buena parte de las carreteras estaban cortadas o en obras así que casi todo el día lo dedicamos a recorrer caminos de tierra o directamente campo a través.
Tras pasar cerca del pueblo de Idles buscamos una explanada que pudiera satisfacer las necesidades de los gendarmes para montar el campamento, y allí pasamos la noche. Primer día montando las tiendas de campaña y durmiendo bajo las estrellas. Antes de acostarnos, ya en completa oscuridad, pudimos ver con mucha claridad una fila de satélites de Starlink cruzando el cielo, buscando su órbita. Fue un momento bastante surrealista, con la sensación de estar en un lugar completamente aislado del mundo, pero al mismo tiempo conectado a través de la tecnología. Qué pensarán los touaregs de todo esto…
Tikoubaouine
Al día siguiente desmontamos las tiendas y volvimos a meter todos los bultos en los tres todo terrenos que nos acompañarían durante el resto del viaje. Paramos a comer en un lugar muy especial, Tikoubaouine, una zona aún muy rocosa pero en la que el desierto ha penetrado completamente, formando un paisaje de dunas entre las rocas. Es un lugar muy fotogénico, con un contraste entre el color rojizo de las rocas y el amarillo de la arena.
Además, es un lugar sagrado para los touaregs, que lo consideran un lugar de poder y espiritualidad. En varias zonas de Tikoubaouine se pueden encontrar mezquitas tuaregs, que son básicamente siluetas de piedra en el suelo que representan la forma de un templo con la orientación correcta hacia La Meca. Estas mezquitas son utilizadas por los touaregs para rezar y realizar sus rituales religiosos, y se consideran lugares de gran importancia espiritual. También se pueden encontrar túmulos de antiguos líderes tuaregs. Estos enterramientos suelen estar marcados por grandes piedras o montículos de arena, y son visitados por los touaregs para rendir homenaje a sus antepasados y pedir su protección.
Pudimos dar un buen paseo por la zona y disfrutar de los pasajes, arcos y formaciones rocosas que el viento ha ido esculpiendo a lo largo de los siglos. Montamos de nuevo nuestro campamento en una zona cercana a las rocas para buscar algo de protección del viento y volvimos a cenar con nuestros compañeros touaregs.
Después se produjo uno de los momentos más mágicos del viaje: Santi, uno de los compañeros de viaje había traído un proyector de cine portátil así que colocamos como pudimos una tela clara sobre una pared más o menos lisa de roca y nos pusimos a ver un corto de Javier Fesser: Binta y la gran idea, sobre una niña de Senegal, su vida y la importancia de la educación para las niñas. La selección no pudo ser más acertada porque además del tema la vimos en versión original en francés (con subtítulos en castellano) así que nuestros guías touareg también pudieron participar de la experiencia.
Erg D’Admer
Al día siguiente continuamos el camino hacia la zona de las dunas del Erg D’Admer, un paisaje completamente diferente al que habíamos visto hasta entonces, con grandes dunas de arena que se extendían hasta el horizonte. Entramos un buen rato por el interior de las dunas con los todoterreno y luego nos bajamos y seguimos caminando por la zona, disfrutando de la sensación de caminar sobre la arena y de las vistas que se abrían a nuestro alrededor.
La Vache qui Pleure
Ya muy cerca de nuestro destino nos desviamos para ir a ver La Vaca que Llora, una enorme roca que en uno de sus lados tiene varias vacas esculpidas que datan de hace más de 7 mil años, con la curiosidad de que varias de ellas muestran lágrimas cayendo de sus ojos.
Es increíble el estado de conservación de estas esculturas después de tanto tiempo y el detalle con el que están hechas aprovechando la forma de la roca en algunos casos. Está considerada una de las obras maestras a nivel mundial de escultura del Neolítico. El hecho de que lloren, cosa poco habitual en bóvidos, ha dado lugar a muchas interpretaciones. Se cree que podrían representar a la diosa madre de la fertilidad, una figura importante en la mitología de las culturas prehistóricas del Sahara. Otra leyenda decía que la vaca llora porque el desierto avanza. La opinión de la veterinaria en la expedición es que las vacas estarían simplemente enfermas.
Djanet
Ya en Djanet, la ciudad más cercana al Parque Nacional de Tassili N’Ajjer, nos alojamos en el Hotel Zeriba, un hotel bastante modesto pero cómodo y con una ubicación muy buena para explorar la zona. Descargamos los bultos a las habitaciones y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad antes de cenar. Decidimos subir a los restos del Ksar el Mihan, una antigua fortaleza construida por los bereberes que se encuentra en lo alto de una colina con vistas a la ciudad.
Tirando de persuasión y con la ayuda de unos chavales que estaban por allí, consiguieron que se pudiera acercar alguien con la llave para entrar al Ksar, y un lugareño muy simpático que daba clases de inglés en el pueblo. Este paisano nos hizo de guía improvisado y nos contó un poco sobre la historia del lugar, que fue construido en el siglo XVI como una fortaleza para proteger a los habitantes de los ataques de los touaregs.
Aunque gran parte del Ksar está ahora en ruinas, todavía se pueden apreciar algunos detalles arquitectónicos interesantes, como las puertas de madera tallada y las ventanas con celosías. Desde lo alto del Ksar, pudimos disfrutar de una vista panorámica de Djanet y sus alrededores, con el oasis de palmeras que rodea la ciudad y más allá el desierto extendiéndose hasta el horizonte. Desde lo más alto del Ksar pudimos escuchar con mucha claridad la llamada a la oración de una mezquita cercana, que resonaba por toda la ciudad y añadía un toque especial a la experiencia.
Tassili N’Ajjer
Nuevo madrugón para empezar la ruta a pie por el Parque Nacional de Tassili N’Ajjer. Nos reunimos en el Plató del N’Ajjers con un nuevo grupo de guías especializados que nos acompañarían durante todos los días que íbamos a pasar en el parque, y con los burros que nos ayudarían a transportar todo el equipaje durante la ruta. En este momento nuestra escolta de gendarmes se despidió por fin de nosotros.
El Tassili N’Ajjer es un parque nacional que se extiende por una superficie de más de 72.000 km², y es conocido por su impresionante paisaje de formaciones rocosas, cañones y pinturas rupestres. El parque es Patrimonio de la Humanidad desde 1982, y es considerado uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo debido a la gran cantidad de arte rupestre que se encuentra en sus paredes. Es una meseta de roca elevada varios cientos de metros respecto al entorno desértico que lo rodea, por lo que sólo hay unas pocas rutas de acceso, y todas ellas son bastante exigentes.
Este lugar tan geológicamente especial ha sido habitado por diferentes culturas a lo largo de miles de años, y las miles de pinturas rupestres que se encuentran en el parque son una muestra de la rica historia y diversidad cultural de la región. Se representan escenas de la vida cotidiana, como la caza, la recolección, la danza y la música, así como figuras humanas y animales. Algunas de las pinturas datan de hace más de 10.000 años, lo que las convierte en algunas de las obras de arte más antiguas del mundo. Es increíble la cantidad de pinturas que hay y además la mayoría están muy bien conservadas dado que aquí históricamente no ha subido casi nadie y el clima es muy seco, lo que ayuda a preservar el arte rupestre.
Una vez cargados los burros, empezamos a caminar hacia arriba. Ya en la primera subida los burros se desviaron con varios de los guías por una ruta bastante más larga pero más llana y nosotros seguimos por la ruta más directa, que era bastante más empinada. El camino era bastante duro, con tramos de escalada y zonas en las que había que ir con mucho cuidado para no resbalar, pero las vistas que se iban abriendo a nuestro alrededor hacían que el esfuerzo mereciera la pena. A medida que íbamos subiendo, podíamos ver cómo el paisaje iba cambiando, con formaciones rocosas cada vez más impresionantes y vistas panorámicas del desierto que se extendía a nuestro alrededor.
Enseguida entramos en varios cañones y pasajes entre las rocas, con paredes de varios metros de altura a ambos lados. En algunos tramos había que usar las manos para agarrarse a las rocas y avanzar, lo que añadía un toque de aventura (y cierto riesgo, aunque mínimo) a la experiencia. Durante toda la subida, que nos llevó prácticamente todo el día, sólo nos cruzamos con un grupo similar al nuestro que ya bajaba, así que pudimos disfrutar de la sensación de estar completamente solos en medio de un paisaje tan impresionante.
La llegada a la planicie superior del Tassili N’Ajjer fue un momento muy especial, cuando de repente se abrió ante nosotros un paisaje completamente diferente, muy llano y sin apenas vegetación. Celebramos el ascenso pero enseguida seguimos la caminata para no llegar muy tarde hasta nuestra siguiente parada, en la que ya montaríamos el campamento para pasar la noche.
Tamrit Rock City y Tan Zoumaitak
Nuestra primera parada en el Tassili N’Ajjer fue en la zona de Tamrit Rock City, un conjunto de formaciones rocosas que se asemejan a una ciudad construida por la naturaleza. Las rocas tienen formas muy curiosas, con arcos, pasajes y cuevas que parecen haber sido esculpidos por manos humanas.
Aprovechamos que los burros no habían llegado aún para dar un paseo por la zona y ver las primeras pinturas rupestres. Empezamos por todo lo alto con el paraje de Tan Zoumaitak, que es un pequeño cañón en el que se encuentran algunas de las pinturas más impresionantes del parque. En este caso, las pinturas representan principalmente figuras humanas, con detalles muy elaborados como los peinados o la ropa que llevan. También hay varias escenas de caza, con figuras de animales como gacelas, vacas de muchos tipos, cabras o incluso elefantes.
El paseo por la zona incluyó el increíble Cañon de Tamrit y el Valle de los Cipreses Centenarios, con varios cipreses enormes que contrastan con el paisaje desértico y casi estéril que los rodea. También nos cruzamos con varios burros y un dromedario salvajes, que en esta zona viven completamente libres y se han adaptado a las duras condiciones del desierto. Vimos muchas más pinturas rupestres pero ninguna como las primeras de Tan Zoumaitak, que nos dejaron con la boca abierta.
Cena bajo las estrellas y a dormir, que al día siguiente nos esperaba una jornada aún más intensa.
Tin Itinen y Tin Tazarift
Dejamos atrás la zona de Tamrit y continuamos caminando por el Tassili N’Ajjer, con destino a la zona de Tin Itinen, que es una de las zonas más ricas en pinturas rupestres del parque. El camino hasta allí fue bastante duro, con un sol resplandeciente y sin apenas sombra, pero las vistas que se iban abriendo a nuestro alrededor hacían que el esfuerzo mereciera la pena.
Ya en la zona de Tin Tazarift nos empezamos a encontrar de nuevo una acumulación enorme de pinturas rupestres: muchas más vacas, leopardos, cocodrilos, gacelas, camellos, cabras, monos, buhos, … también figuras humanas, algunas de las cuales parecían representar dioses o seres mitológicos rodeados de otras figuras orando a su alrededor.
Una de las pinturas que más nos gustó de esta zona era lo que yo llamé un catálogo de vacas: varios ejemplares de bóvidos con diferentes formas, tamaños y colores, con detalles muy elaborados como los cuernos o las manchas en el cuerpo.
El detalle de algunas figuras, con detalles muy elaborados y a veces formas raras como cabezas completamente redondas, ha dado lugar a múltiples interpretaciones sobre su significado. Se cree que podrían representar a seres sobrenaturales o dioses, y que las figuras humanas que los rodean podrían estar realizando rituales de adoración o petición de protección. Algunos de los cabezas redondas tenían cosas saliendo de sus cabezas tipo cuernos (¿o antenas?) y otros tenían lo que parecían ser máscaras, lo que ha dado lugar a interpretaciones aún más misteriosas sobre su significado. Este tipo de figuras abundaban por todo el Tassili N’Ajjer.
Sefar de la Négresse
Ya por la tarde llegamos a la zona de Sefar, que es una de las más espectaculares y en la que haríamos nuestra siguiente parada para montar el campamento. Aprovechamos las últimas horas de luz para recorrer el Sefar de la Négresse, que son varios cañones con paredes de roca muy roja y (sorpresa) con pinturas rupestres por todas partes. En esta zona se encuentran algunas de las pinturas más famosas del parque, como la Négresse de Sefar, una figura humana con rasgos femeninos y piel oscura que de nuevo ha dado lugar a muchas interpretaciones sobre su significado. Se cree que podría representar a una diosa madre o a una figura de gran importancia en la mitología de las culturas prehistóricas del Sahara.
Otra zona muy curiosa es una larga pared de un cañón con tres máscaras enormes pintadas en la roca, con detalles muy elaborados como los ojos, la boca o los adornos que llevan.
Esa noche después de cenar pasamos un buen rato con nuestros amigos touaregs, que nos cantaron alrededor de la hoguera diversas canciones tradicionales de su cultura, acompañados de instrumentos típicos como el bidón de agua vacío convertido en tambor. Nos pidieron que les cantáramos algo nosotros también, y lo hicimos pero desde luego con mucho menos arte que ellos. Algunas de sus canciones eran muy pegadizas y aún hoy resuenan sus estribillos en mi cabeza.
Sefar
Arrancamos el circuito principal de Sefar con una de las pinturas más famosas de todo el parque natural: el Dios Pescador, una figura humana con una cabeza muy extraña (¿de pez?) que es especialmente interesante porque representa a un ser mitológico que podría combinar características humanas y animales. Se cree que podría representar a un dios relacionado con el agua o la fertilidad, y que las figuras humanas que lo rodean podrían estar realizando rituales de adoración o petición de protección. Junto al Dios Pescador había alguna que parecía ser un alce o similar enorme, que no es el animal más común en el Sahara.
Y un poco después llegamos al Gran Dios de Sefar, que de nuevo tiene una forma extraña en la cabeza y unos bultos en los brazos que podrían representar grandes bíceps o algún tipo de adorno o armadura. Es una figura imponente, con una gran altura en proporción al resto. Alrededor de ella se ven mucho más claramente lo que parecen ser figuras humanas orando o realizando algún tipo de ritual, lo que refuerza la idea de que esta figura podría representar a un dios o ser mitológico de gran importancia.
Muy cerca del Gran Dios de Sefar pudimos coger un caché también inolvidable: el guardian de Safar, un caché de Terreno 5 en bastantes buenas condiciones a pesar de llevar escondido desde el año 2003 expuesto a las duras condiciones del desierto durante tantos años, lo que demuestra la resistencia de estos objetos y la dedicación de los geocachers que los mantienen.
In Etouami y Tin Itinen
Seguimos la ruta hacia el sur, pasando por In Etouami, una zona con formaciones rocosas muy curiosas y con varias pinturas rupestres, aunque ninguna tan espectacular como las que habíamos visto hasta entonces. Estos desplazamientos intermedios eran bastante duros, especialmente los últimos días en los que no nos sobraba el agua potable.
Continuamos hacia la zona de Tin Itinen, más o menos cerca de Tamrit Rock City donde habíamos acampado días atrás. Sería nuestro lugar de acampada para la siguiente noche, para desde allí afrontar el camino de bajada al día siguiente.
Esa noche nuestros amigos guías nos prepararon su conocida taguella touareg, una especie de torta plana de pan que se cocina haciendo un pequeño agujero en la arena, cubriendo el agujero con ceniza y colocando la masa encima, para luego taparlo todo con más arena y brasas y dejarlo cocinar durante un buen rato. El resultado es un pan con una textura muy particular, con una corteza crujiente y un interior suave y esponjoso, que se suele acompañar con salsas o guisos tradicionales de la cocina tuareg.
Esa noche era mi cumpleaños, así que me prepararon por sorpresa una tarta de taguella decorada con velas, y me cantaron el cumpleaños feliz en castellano y tamachek-touareg. Fue un momento muy especial y me sentí muy agradecido por la sorpresa. Hicieron que mi cumpleaños fuera aún más inolvidable en un lugar tan mágico como el Tassili N’Ajjer bajo un cielo lleno de estrellas.
Rematamos la noche con una sesión de fotografía nocturna, usando nuestros frontales y linternas en posiciones estratégicas para iluminar las formaciones rocosas a nuestro alrededor y dar luz al interior de algunas tiendas, de forma que contrastara todo con el inmenso cielo estrellado del desierto. Salieron algunas fotos bastante chulas, aunque la verdad es que no hacen justicia a lo espectacular que era el paisaje en ese momento.
Descenso desde Tin Itinen
Tras nuestro último desayuno en el Tassili N’Ajjer, desmontamos el campamento y empezamos a bajar por la ruta de Tin Itinen. Para bajar teníamos dos opciones: una ruta más larga pero más llana (que es la que hacen los burros con los bultos), o la ruta más directa pero bastante más empinada que habíamos utilizado para subir. Algunas trepadas eran bastante duras, y es mucho peor al descender que al subir, por lo que decidimos bajar por la ruta de los burros. De esta manera también pudimos disfrutar de otro paisaje diferente, con formaciones rocosas y vistas panorámicas del desierto que no habíamos visto durante la subida.
Fue especialmente memorable el momento en el que nos separamos del grupo de burros y yo dejé en uno de ellos (que para la bajada ya iba sin equipaje) mi cámara Insta 360 One para grabar un vídeo de la bajada desde el punto de vista del burro, con la cámara enganchada en la montura. El resultado fue un vídeo bastante chulo, con la sensación de estar bajando por el Tassili N’Ajjer a lomos de un simpático burro rodeado de otros muchos.
Un rato más tarde los burros nos alcanzaron y pude desmontar la cámara y confirmar que se había grabado perfectamente, incluyendo varios momentos en los que los amabilísimos guías touareg se acercaban a ver si la luz roja de la cámara seguía parpadeando.
Incluso en la ruta de los burros hubo un tramo muy empinado que se bajaba haciendo un poco de eslalon entre las rocas, con el suelo muy suelto y un poco resbaladizo. Es increíble que por allí mismo pudieran ir bajando los burros con los bultos.
Completamos el descenso sin mayores incidentes y llegamos al punto de encuentro con los todoterrenos, que nos recibieron con abundante agua fresca y nos llevaron de vuelta al hotel de Djanet para pasar la última noche en el Sur de Argelia. Al día siguiente, vuelo a Argel desde el aeropuerto de Djanet para poder volar desde allí a Barcelona.
En definitiva, una aventura increíble en un lugar mágico, con paisajes impresionantes, arte rupestre de gran valor histórico y cultural, y la oportunidad de compartir la experiencia con un grupo de personas maravillosas, incluyendo a nuestros guías touareg que nos trataron como a parte de su familia durante todo el viaje.
Sin duda, una experiencia que recordaré toda mi vida y que me ha dejado con ganas de seguir explorando lugares tan especiales como este.
