Llevaba tiempo queriendo visitar esta zona de Italia, y por fin este verano he podido hacerlo. Surgió la oportunidad de hacer un viaje con mi hermana y dos de mis sobrinos y no lo dudé ni un momento. Es la primera vez que participaba en un viaje organizado de este tipo, y aunque suelo preferir ir por mi cuenta esta vez nos vino bien que nos lo dieran todo resuelto.
El itinerario era bastante completo (para ser una semana) y a la vez nos dejaba bastantes ratos libres en algunas de las ciudades clave del viaje. En total visitamos Bolonia, Lucca, Pisa, Pistoia, Cinque Terre, varios pueblos de la región de Chianti, San Gimignano, Siena y Florencia. En cada una de estas ciudades tuvimos tiempo para visitar los lugares más emblemáticos y también para pasear por sus calles y disfrutar de su ambiente.
En este viaje he vuelto a hacer un resumen en vídeo de cada una de las ciudades que visitamos, los encontraréis al final de cada sección. Espero que os gusten y que os animen a visitar esta maravillosa región de Italia (y a suscribiros a mi canal de YouTube, claro).
Bolonia
Desde el aeropuerto, el primer lugar al que nos llevaron fue Bolonia. Empezamos nuestro paseo en la Porta Galliera y desde allí poco a poco nos fuimos acercando al centro por la Via dell’Independenza. Esta vía es uno de los ejes comerciales principales de la ciudad, y ya muestra una de las características principales de Bolonia, los soportales. Se calcula que en total hay más de 40 kilómetros de soportales en Bolonia, lo que la convierte en una de las ciudades con más kilómetros de este tipo de arquitectura del mundo, lo que hace que pasear por allí pueda ser muy agradable incluso en los días de lluvia o de mucho sol.
La visita a Bolonia fue muy breve, pero sí pudimos dar un pequeño paseo guiado por el centro visitando la Piazza coperta Umberto Eco, la Fontanna del Nettuno, la Piazza Maggiore, la Basilica di San Petronio, el Palazzo del Podestà, el Palazzo dell’Archiginnasio y finalmente el símbolo de la ciudad: las famosas torres de Bolonia, la Torre degli Asinelli y la Torre Garisenda.
En su época de mayor esplendor Bolonia llegó a tener hasta 180 torres, aunque hoy en día solo quedan unas 20. La mayoría de estas torres fueron construidas por familias nobles como símbolo de su poder y riqueza, y algunas de ellas tenían funciones defensivas. La Torre degli Asinelli es la más alta de las que quedan, con una altura de 97 metros, y se puede subir a ella para disfrutar de unas vistas panorámicas de la ciudad.
Después del paseo pudimos comer cerca del centro, así que aprovechamos para probar la mundialmente famosa salsa Boloñesa con unos tagliatelle, algo de mortadela italiana (muy típico de la región) y nuestro primer tiramisú del viaje (lo pedimos prácticamente en todas las comidas/cenas para comparar).
Me quedé con ganas de ver y comer más cosas. No descarto volver en cualquier escapada de fin de semana.
Lucca

Lucca fue una de las pequeñas joyas que visitamos durante nuestro recorrido. Tiene un centro medieval muy bien conservado, con una muralla que lo rodea completamente y que se puede recorrer a pie o en bicicleta. Nosotros no dimos la vuelta completa por la muralla, pero sí pateamos bastante por el centro, visitando la pintoresca Piazza dell’Anfiteatro, la Chiesa di San Michele in Foro, el Duomo di San Martino y la Basilica di San Frediano.
Si visitáis Lucca, no dejéis de subir a la Torre Guinigi, una torre del siglo XIV que es famosa por tener un jardín en su parte superior, con varios árboles que le dan un aspecto muy peculiar. Desde allí se pueden disfrutar de unas vistas impresionantes de la ciudad y sus alrededores.
Tuve la sensación de que estaba más tranquilo de lo normal. Apenas tuvimos que hacer cola para entrar en sitios como la torre, y en general se veía poca gente por las calles, lo que hizo que la visita fuera aún más agradable.
Pisa

En Pisa también hicimos una parada relativamente corta, y totalmente típica. Visitamos la famosa Piazza dei Miracoli, donde se encuentran la Cattedrale di Pisa, el Battisterio di San Giovanni y, por supuesto, la Torre di Pisa. La torre es uno de los monumentos más reconocibles del mundo debido a su inclinación, que se debe a un error en su construcción sobre un terreno inestable. A día de hoy la torre sigue aguantando para disfrute de miles de turistas que cada año se hacen allí la típica foto intentando sostenerla con las manos (o cosas mucho más imaginativas, no siempre para todos los públicos).
Alrededor de la Torre hay algunos senderos delimitados con cuerdas y cadenas para evitar que la gente se metiera por cualquier parte. Por un lado eso despejaba un poco el entorno de la torre, pero por otro lado también hacía que el paseo por la plaza fuera un poco agobiante, con tanta gente y tan poco espacio para moverse. Aún así, es una visita imprescindible si estás por la zona.
Un poco fuera del circuito más mainstream, nos dimos una vuelta por el centro de Pisa, que también tiene su encanto, con calles estrechas y edificios históricos. Visitamos entre otras la Piazza dei Cavalieri, que es una plaza histórica que alberga varios edificios importantes, como el Palazzo della Carovana y la Chiesa di Santo Stefano dei Cavalieri.
Pistoia
Hicimos un par de noches en Pistoia, y la verdad es que me gustó bastante. No pudimos visitar casi nada porque solíamos llegar ya con todo cerrado pero con los paseos antes y después de cenar pudimos conocer un poco el centro. Me pareció una ciudad con mucho encanto, con un centro histórico muy bien conservado y con una gran cantidad de iglesias y edificios históricos. La Piazza del Duomo es el corazón de la ciudad, donde se encuentran la Cattedrale di San Zeno, el Battistero di San Giovanni in Corte y el Campanile di San Zeno. Esta plaza nos pareció espectacular, con una arquitectura impresionante y un ambiente muy agradable.
Cinque Terre
Visitar esta zona era uno de los puntos fuertes del viaje, especialmente porque nos daban la logística bastante resuelta y el tiempo en principio acompañaba. Al final resultó que hizo demasiado calor, lo que hizo que la ruta en barco fuera un poco agobiante, pero aún así disfrutamos mucho de las vistas y del paseo por el mar. La ruta en barco desde La Spezia es una de las mejores formas de disfrutar de los paisajes de las Cinque Terre, ya que permite ver los cinco pueblos desde una perspectiva diferente y apreciar la belleza de la costa.
El barco va haciendo parada en todos los pueblos, pero nosotros no nos bajamos hasta el último, Monterosso al Mare, que es el más grande de los cinco y el que tiene la playa más amplia. En Monterosso al Mare pudimos pasear por sus calles estrechas y disfrutar de su ambiente. Nos hizo gracia que una de las recomendaciones para comer fuera la Taverna Galin, que se llama igual que un restaurante de mi pueblo, así que comimos allí y la verdad es que no estuvo nada mal, aunque el tiramisú no fue de los mejores del viaje.

La mayor parte de la playa es privada, y hay que pagar para entrar. Es un modelo curioso que al menos a nosotros nos choca bastante acostumbrados al concepto de playas públicas que tenemos en España. Junto a la Statua del Gigante hay un trozo de playa pública que por supuesto estaba abarrotado, pero aún así pudimos darnos un baño para refrescarnos un poco.
Desde la estación de tren de Monterosso cogimos un tren que nos llevó de vuelta a La Spezia, y desde allí nos dirigimos a la siguiente parada del viaje, la región de Chianti.
Castellina in Chianti
El primer pueblo que visitamos en la región de Chianti fue Castellina in Chianti, un pequeño pueblo medieval situado en lo alto de una colina, rodeado de viñedos y olivares. El centro del pueblo es muy pintoresco, con calles estrechas y empedradas, y una plaza central donde se encuentra la Chiesa di San Salvatore. Desde el mirador de la plaza se pueden disfrutar de unas vistas impresionantes de los alrededores.
Uno de los sitios más pintorescos de Castellina in Chianti es el Via delle Volte, un pasaje cubierto que transcurre en paralelo a la calle principal cuya construcción se remonta al siglo XIII. Es un lugar muy fotogénico y un punto de referencia para los visitantes del pueblo.

Pienza
La siguiente parada fue en el pueblo de Pienza, que es una joya del Renacimiento italiano. El centro histórico de Pienza es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y es fácil entender por qué. La plaza central, la Piazza Pio II, tiene una arquitectura impresionante y un ambiente muy agradable. En la plaza se encuentran varios edificios importantes, como el Duomo di Pienza, el Palazzo Piccolomini y el Palazzo Borgia.
En Pienza comimos también muy bien en el Restaurante Beccofino, que se encuentra justo al lado de la plaza central. Probamos varios platos típicos de la región, como la ribollita (un guiso de verduras) y el pici (un tipo de pasta casera) cacio e pepe (una salsa a base de mucho queso y mucha pimienta).

Montepulciano
La última parada en esta región fue en Montepulciano, un pueblo medieval situado en lo alto de una colina, de nuevo rodeado de viñedos y olivares. El centro del pueblo es muy pintoresco y está muy bien conservado. En la Piazza Grande se encuentran varios edificios importantes, como el Duomo di Montepulciano, el Palazzo Comunale y el Palazzo Tarugi. Desde allí podemos caminar cuesta arriba, para llegar a la Fortezza Medicea di Montepulciano, una fortaleza del siglo XVI que ofrece unas vistas impresionantes de los alrededores, o cuesta abajo para seguir callejeando y disfrutando del ambiente del pueblo.
Siena
Sin duda, la sorpresa positiva del viaje fue Siena, cuyo centro histórico de Siena es también Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tenía grandes expectativas, pero las superó y me encantó. En su plaza principal, la Piazza del Campo, se encuentran varios edificios importantes, como el Palazzo Pubblico y la Torre del Mangia. Es muy diferente a cualquier otra plaza que hayas visto, esto se debe a que está diseñada y se usa como circuito de carreras de caballos durante el Palio.
El Palio es una carrera de caballos que se celebra dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto, en la que compiten los representantes de las 17 contrade (barrios) de Siena. Es un evento muy importante para los habitantes de la ciudad, y durante los días previos a la carrera se pueden ver desfiles, ensayos y otras actividades relacionadas con el Palio. Cada barrio lucía orgullosamente los colores y los símbolos de su contrada en todos los edificios, desde banderas hasta la forma y decoración de puertas, fachadas, farolas, …

Justo el día anterior a nuestra llegada (de hecho, hubo que alterar el plan del circuito para evitarlo por los precios) se celebró el Palio, así que pudimos ver un poco del ambiente festivo que se vive en la ciudad durante esos días. La contrada ganadora (Valdimontone, valle del carnero) estuvo desfilando día y noche por la ciudad, y se podían ver banderas y símbolos de la contrade por todas partes. Creo que Siena me habría gustado igualmente pero vivir el ambiente del Palio le dio un toque especial a la visita.
Para que os hagáis una idea del nivel de locura que se vive durante el Palio, la cantante Madonna alquiló toda una planta de uno de los Palazzos que rodean la plaza para poder celebrar su cumpleaños allí durante este Palio de Agosto de 2025. Desde las ventanas del Palazzo Pannocchieschi d’Elci ella y sus invitados tuvieron vistas privilegiadas de la línea de salida de la competición.
En la misma Piazza del Campo se puede acceder al Palazzo Pubblico, que además de ser el ayuntamiento de la ciudad también alberga el Museo Civico, donde se pueden ver muchísimas obras de arte, entre ellas los frescos de Ambrogio Lorenzetti que representan entre otras cosas el “Buen Gobierno” y el “Mal Gobierno”, que son una crítica social y política de la época.

San Gimignano
Tras el subidón de Siena, la siguiente parada fue en San Gimignano, un pueblo medieval conocido por sus altísimas torres que le han valido el apodo de “la Manhattan medieval”. En su época de mayor esplendor llegó a tener hasta 72 torres, aunque hoy en día solo quedan 14. Estas torres fueron construidas por familias nobles como símbolo de su poder y riqueza, igual que pasó en Bolonia y en tantos otros sitios. La gran diferencia es que en San Gimignano la densidad de torres es mucho mayor, lo que hace que el paisaje sea muy característico y reconocible.

Además de las torres, el centro histórico de San Gimignano es muy pintoresco. Está lleno de restaurantes, tiendas y galerías de arte. Está quizá demasiado orientado al turismo, parece más un parque temático que un pueblo con vida propia.
Si visitas San Gimignano, no dejes pasar la ocasión de probar el helado de la Gelateria Dondoli, que ha sido galardonada varias veces como la mejor heladería del mundo. Tienen una gran variedad de sabores, desde los clásicos hasta algunos más originales, y todos están deliciosos
Florencia
Y qué decir sobre Florencia, es una ciudad que no necesita presentación. Es el lugar de nacimiento del Renacimiento, y eso se nota en cada rincón de la ciudad. Sólo hay que subir hasta la Piazzale Michelangelo para disfrutar de unas vistas panorámicas de la ciudad y ver la cantidad de monumentos y edificios históricos que tiene.

En la Piazza del Duomo se encuentran la Cattedrale di Santa Maria del Fiore, el Battistero di San Giovanni y el Campanile di Giotto. Me quedó pendiente entrar a la catedral y subir a su cúpula, no pude hacerlo por falta de tiempo. No me preocupa demasiado, porque así tengo un pretexto para volver.

En la Piazza della Signoria se encuentran el Palazzo Vecchio, la Loggia dei Lanzi y la Fontana di Nettuno. Junto a ella se encuentra también la Galleria degli Uffizi, que es uno de los museos más importantes del mundo, con una colección impresionante de arte renacentista. No estaba en los planes iniciales pero al final sí que pude entrar para disfrutar de las obras maestras de artistas como Leonardo da Vinci, Michelangelo, Raffaello y Sandro Botticelli, entre muchísimos otros.
Otro sitio que nos gustó mucho fue el Palazzo Pitti, un palacio renacentista que alberga varias galerías de arte y un museo de moda. El palacio también tiene unos jardines impresionantes, los Giardini di Boboli, que son un lugar perfecto para pasear y disfrutar de las vistas de la ciudad.

Y por supuesto, no podemos olvidar el Ponte Vecchio, un puente medieval que cruza el río Arno y que está lleno de tiendas de joyería. El paseo desde el cercano Ponte Santa Trinita hasta el Ponte Vecchio por el Borgo San Iacopo es uno de los más bonitos de la ciudad, con unas vistas impresionantes del río y de los edificios que lo rodean.
Como pasamos varios días y noches en Florencia, pudimos disfrutar de sus calles tanto de día como de noche, y la verdad es que tiene un encanto especial. Otro sitio más que no me importará repetir en cualquier escapada de fin de semana.
